A un amigo sacerdotal

 

Recientemente un sacerdote me preguntó cómo él pudiera mejorar sus celebraciones de la misa.  Después de pensar por pocas semanas, escribí estos pensamientos, una lista muy incompleta pero bastante para iniciar discusión.

 

1.   Recomendación:  Que el sacerdote piense profundamente sobre esta proposición:  El sacerdote celebra la misa en persona de Cristo, no en lugar de Cristo.

 

2.   Sugerencias:

 

2.1.   Que el sacerdote asista una misa tradicionalmente celebrada.

 

2.2.   Que el sacerdote sea puesto por seis meses o un año en una parroquia en la cual la liturgia se celebra tradicionalmente.

 

2.3.   Que el sacerdote se una con otros sacerdotes, con la ayuda de un consultante, para que sean formados para celebrar la liturgia tradicionalmente.

 

3.   Pensamientos:  La liturgia tiene m s belleza, reverencia y dignidad, y es más pastoral . . .

 

3.1.   Cuando el celebrante lee la misa textualmente, sin añadir, omitir o cambiar ninguna palabra.

 

3.2.   Cuando el sacerdote celebra precisamente como si la gente no estuviera presente, con los ojos siempre bajados excepto en la homilía

 

3.3.   Cuando la misa tiene cambios en las temporadas del año litúrgico pero uniformidad dentro de un tiempo.  La repetición de ritos—el “ritualismo”—es parte esencial de buena liturgia.

 

3.4.   Cuando la misa tiene sus propios cantos de entrada, gradual, ofertorio, etc.  Himnos populares no son apropiados para la liturgia.  El ordinario debe ser cantado con música sobria y decente, nunca en estilo “rock” o “folk”, ni con ritmo prominente.  Guitarras y panderetas no tienen lugar en la misa.  El canto y la polifonía son la música de la iglesia, el órgano su instrumento.  Si el celebrante no puede cantar, es aceptable que lo haga en tono recto.  Una misa sin música es mejor que una misa con música no digna del templo.  Una misa sin ninguna nota cantada tiene inmensa dignidad.  La música es parte integral de la liturgia solemne, no de la misa leída.  El silencio tiene mucho valor.

 

3.5.   Cuando la misa es celebrada en un santuario con altar tradicional y comulgatorio, con generoso uso de latín, el sacerdote siendo vuelto ad orientem, la gente comulgando de rodillas y todos actuando con precisión apropiada; cuando los movimientos son lentos, como señal de la eternidad; cuando la gente da el signo de la paz con discreción.

 

3.6.   Cuando los movimientos de las manos del sacerdote no se limitan por el uso de un micrófono.

 

3.7.   Cuando el celebrante piensa frecuentemente en las palabras de Papa Ratzinger:  La grandeza de la litúrgia se logra evitando la espontaneidad.

 

© 2006 Joseph Mansfield

Colocado 2006.11.26

Solemnidad de Cristo Rey

 

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